lunes, 18 de marzo de 2013


Si nada nos salva de la muerte...
Hoy, al mundo se le presenta un hombre del que se dice, traerá  una nueva era de austeridad para los fieles de la mayor organización religiosa que hay, dicen que es un mensajero de la paz y un defensor de la justicia. Pero este mismo hombre anteriormente ha convocado a “una guerra de dios” contra un proyecto de igualdad, un pequeño gran cambio que permite reconocer legalmente una manifestación de lo mejor que conoce la humanidad: el amor; diverso de que se puede decir la mayoría, pero natural y auténtico amor entre seres humanos.
Este hombre, que hoy será saludado por muchos jefes de estado  en el inicio de un nuevo cargo, ha legitimado todos los horrores que para la humanidad significa la palabra “guerra” como un mandato de su dios. Esto parece una locura colectiva. ¿Será acaso que la humanidad se ha olvidado de todos los dolores que las “guerras de dios” han provocado? Como las Cruzadas y la Guerra de los Treinta Años, por dar ejemplos recientes.
Yo no me puedo mantener silente ante tales palabras que apelan a exacerbar las tres pasiones humanas más explosivas: el miedo, la vanidad y el odio. Este cóctel de impulsos humanos ha demostrado a lo largo de la historia su infalible capacidad de propiciar el horror en sus más amargas consecuencias.  El justificar que la humanidad ceda libremente a estas pasiones convierte a ese discurso en una verdadera fuerza del mal (parafraseando a Bertrand Russell).
Es por eso que desde el inicio repudié las declaraciones de este hombre y puse claramente en entredicho su autenticidad como emisario de paz, amor y justicia; un encargo que, según me han dicho, le fue asignado por dios, el dios en cuyo nombre se levantaron las guerras que oscurecieron al mundo con la espantosa sombra del genocidio. 
Yo no puedo aceptar ninguna guerra, ni incitación alguna a darse al miedo, odio y vanidad; sea en nombre de dios, o lo que es peor, a nombre de la misma paz y humanidad; aquí yace una contradicción fundamental, como expliqué anteriormente. 
El poeta Neruda escribió que “si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida”. Es por esto que a este hombre que llama a la guerra y a todos los convocados por su intensión, a los que están dispuestos a combatir en nombre de la voluntad de su dios, les respondo y a la vez condeno de esta manera: el amor conquistará al odio, llenará de vergüenza a la vanidad y disipará al miedo.


domingo, 11 de septiembre de 2011

Ley 8030

La Ley N° 8030 del 27 de setiembre del 2000 pertenece a una nación no democrática, o al menos, no coincide con una verdadera democracia representativa. Esta ley tiene un sólo artículo, el cual copio a continuación:

LA ASAMBLEA LEGISLATIVA DE LA REPÚBLICA DE COSTA RICA DECRETA: CREACIÓN DEL DÍA NACIONAL DE LA BIBLIA


ARTÍCULO ÚNICO.-   Créase el Día Nacional de la Biblia, que se celebrará el primer sábado de setiembre de cada año.  Tendrá como objetivo el fortalecimiento de los valores morales y espirituales del individuo.
Rige a partir de su publicación.


COMISIÓN LEGISLATIVA PLENA TERCERA.- Aprobado el anterior proyecto el día seis de setiembre del año dos mil.

Del integrismo más absoluto e insultante para la democracia nació esta ley. Apoderándose de la moral, monopolizándola, las religión hirió de muerte a la espiritualidad. Se inicia una cruzada para limpiar de subjetividades las ciencias, sean naturales o humanas, sin espacio para anteponer el amor ante cualquier teoría.

Creo que vale la pena recordar este comentario de Monserath Sagot, socióloga de la Universidad de Costa Rica. Es importante recordar que en este país dejamos de ser "igualiticos" hace rato. Somos muy diferentes todas y todos, pero con la misma dignidad ¿Es tan difícil celebrar esta rica diversidad?



La marcha de las putas y la Costa Rica que ya no es
La marcha de las putas sacó a Costa Rica de su autocomplacencia. Esta autocomplacencia se ha construido históricamente sobre la base de una serie de mitos que poco a poco se van derrumbando. El mito fundante, que se empieza a perfilar desde el siglo XIX, es el de la homogeneidad social y cultural. Esta ficción política de la homogeneidad se sienta sobre una idea muy generalizada en el país y que es sacada como recurso fácil para imponer visiones del mundo y deslegitimar a quienes no las comparten: que todas y todos en Costa Rica somos igualiticos y que quienes se salen de esa norma o son extranjeros, o tienen ideas extranjeras, o son malos costarricenses.
Pero la verdad es que ese mito igualitarista ha sido un poderoso mecanismo de control social y político que parte de una narrativa que es profundamente chovinista, racista, clasista y sexista. Así, se desarrolló una especie de “institucionalidad imaginada,” en palabras de Carlos Sojo, que no pretendía construir una ciudadanía crítica, sino consumidores y consumidoras de una visión idealizada de su historia y de su realidad.
Como ya lo han demostrado diversos estudios –por ejemplo, Igualiticos del mismo Sojo (2010) y La institucionalidad ajena de Manuel Solís (2006)–, Costa Rica es democrática en la superficie, pero por debajo es una sociedad autoritaria e intolerante, con un importante excedente de represión caudillista y patriarcal. Desde 1938, antes de partir al exilio, ya Yolanda Oreamuno decía que la democracia tica era bien distinta de la democracia en sí.
Aunque Costa Rica nunca ha sido la sociedad homogénea e igualitaria que nos cuenta el mito, durante gran parte del siglo XX, por medio de la negación de las diferencias, de la exclusión y de la estigmatización, se preservó esa visión idílica que tenía como referente a la “Suiza centroamericana”, con sus labriegos sencillos, sus valores únicos y sus costumbres vallecentraleñas.

Fuertes cambios. Sin embargo, en las últimas décadas el país ha experimentado un intenso proceso de transformación social que ha debilitado el mito igualitarista. Fenómenos como la masacre de las siete mujeres en la Cruz de Alajuelita – que no escaparon de su terrible destino a pesar de haber asistido recatadamente a una ceremonia religiosa– el asesinato de Parmenio Medina, el “combo ICE”, los escándalos de corrupción, el agotamiento del bipartidismo, la confrontación por el TLC, entre otros, han puesto de manifiesto las profundas zanjas de esta sociedad.
Asimismo, en la última década, grupos como los pueblos indígenas, las mujeres y las poblaciones sexualmente diversas han irrumpido en el ámbito público, reclamando derechos y mostrando la heterogeneidad social y cultural que de hecho existe.
La marcha de las putas, realizada del pasado 14 de agosto, representó un momento importante en este proceso en el que Costa Rica se sacude de la visión idílica y se enfrenta con una sociedad real, con conflictos de muy diverso tipo, que ponen en confrontación visiones del mundo, valores y aspiraciones. De hecho, la actividad mostró claramente que esta es una sociedad diversa, que no todos ni todas comparten los mismos valores, veneran las mismas cosas, ni están dispuestos a manifestarse dentro de las formas “comedidas” que componen el repertorio político tradicional y socialmente aceptado de este país.
Si bien yo no comparto el uso de consignas que hacen referencia a la violencia –que, por cierto, no fueron el mensaje central de la marcha– ni me pareció estéticamente afortunado el performance del grupo de teatro Sotavento, las entendí como parte de un recurso irreverente, que, bajo los principios de la libertad de expresión, hizo uso de la sátira y de la parodia como mecanismo de expresión política.
Asimismo, la marcha mostró que en este país existe una nueva generación que no está dispuesta a responder con “buenos modales” a instituciones o grupos, como la jerarquía católica, que irrespetan sus derechos, culpabilizan a las mujeres por la violencia que sufren y que desde una posición de poder –y hasta haciendo uso de recursos legales– intentan imponer normas y formas de vida a quienes no las comparten.

Religión y política. Pienso, además, que estas manifestaciones se han exacerbado por los evidentes compromisos de Laura Chinchilla con la jerarquía católica y por el despliegue público de sus creencias religiosas. Creencias muy respetables, siempre y cuando no sean usadas como base para las políticas de gobierno, ni como excusa para negarles derechos a grupos específicos. Porque Chinchilla debería entender que ella no es únicamente la presidenta de los católicos, sino de todas y todos los costarricenses, y que con sus actos en este terreno solo contribuye a fomentar la exclusión de las personas que no comparten sus creencias.
De esta forma, la marcha de las putas cristalizó los malestares de una sociedad heterogénea y de una serie de grupos que demandan una verdadera democracia. No la ficticia e idealizada, sino una democracia no confesional que le dé cabida y reconocimiento al disenso, que garantice derechos, independientemente de creencias religiosas particulares, que honre sus compromisos internacionales en materia de derechos humanos y que tome medidas para ir reduciendo ese excedente de autoritarismo caudillista y patriarcal que ha sido siempre la otra cara del mito igualitarista.








viernes, 2 de septiembre de 2011

Con tristeza corroboro la gran deuda de la Santa Sede con la humanidad. Se puede comprobar los datos en esta página.




Recientemente la Iglesia Católica de Costa Rica se acuñó el título de "experta en humanidad" en una declaración en contra de la "Marcha de las Putas", una protesta en la que varios grupos y ciudadanos pro estado laico, feministas, de diversidad sexual y muchos otros puntos de vista, reclamaron a la Conferencia Episcopal Costarricense una explicación antes las palabras de Monseñor Francisco Ulloa, arzobispo de San José durante las celebraciones de la Vírgen de Los Ángeles, patrona de Costa Rica.

El mensaje de Ulloa decía que las mujeres deben vestir con recato a fin de no volverse objetos sexuales. Sobra decir que lo que protege a las mujeres no es el recato sino el respeto. A raíz de estas declaraciones, varios indignados se expresaron libremente frente a la Catedral Metropolitana. La Iglesia dice sentirse ofendida, irrespetada y animó a sus fieles a sentirse personalmente atacados por la manifestación.

Los autodeclarados "expertos en humanidad" parece que han pasado por alto más del 90% de las convenciones internacionales que amparan y defienden la humanidad de las personas sin reservas. Aquí hay algo muy mal. De alguna forma los dogmas cristianos católicos restringen la universalidad de los derechos humanos. Estas contradicciones deber ser revisadas, pues tales interpretaciones no son un buen ejemplo para los fieles católicos en una sociedad que debe avanza hacia la inclusividad.

Recomiendo "La teología feminista en la historia" de la médico y teóloga Teresa Forcades i Vila, que introduce el tema de las teologías críticas de la liberación de una forma clara y concisa, haciendo especial énfasis en lo que conocemos como el problema de las mujeres. Creo que más que traer abajo la autoridad moral de los clérigos para opinar sobre la vestimenta de las mujeres, la "Marcha de las Putas" pone en evidencia la enorme disconformidad que existe en la sociedad costarricense al ser catolizada por la fuerza.




Imágenes tomadas del blog Grano Grueso.

sábado, 6 de agosto de 2011

N'adrò mai più sereno

Relanzo el blog ahora en forma personal, esta es la nueva propuesta que tengo. Será más introspectiva, más vivencial y ecléptica. "Mai più sereno" quiere decir "jamás tranquilo" y ese es el espíritu que tengo; no estoy tranquilo o calmo; todo me sorprende, todo causa un efecto en mí; busco constantemente el equilibrio como una especie de obsesión en mí. 

Nos vamos, pues, a ir desenvolviendo en la escritura, para compartir textos, imágenes y sonidos...

Saludos!

Ariel.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Cambios

Una reactivación de este espacio viene de la mano de cambios de forma y fondo. El nuevo blog estará listo muy pronto...